jueves, 19 de enero de 2012

EL LIBRO DEL NIÑO


Este es un estracto de uno de los tantos libros los cuales fueron inspirados en las miles de charlas que Osho nos brindo en Vida. 


 


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Las Cualidades del Niño
 
La experiencia del niño obsesiona durante toda su vida a la gente inteligente. La quieren repetir: la misma inocencia, el mismo asombro, la misma belleza. Ahora es un eco lejano; parece como si la hubieses visto en un sueño. 

Pero toda la religión nace de la cautivadora experiencia de la infancia, del asombro, de la verdad, de la belleza y de la hermosa danza de la vida en todas las cosas. Los cantos de los pájaros, los colores del arco iris, la fragancia de las flores, le recuerdan al niño, en lo más profundo de su ser, que ha perdido el paraíso. 


No es una coincidencia que todas las religiones del mundo tengan en sus parábolas la idea de que una vez el hombre vivió en el paraíso y de alguna manera, por alguna razón, fue expulsado de él. Hay diferentes historias, diferentes parábolas, pero significando una verdad sencilla: estas historias son sólo un modo poético de decir que todo hombre nace en el paraíso y después lo pierde. Los retrasados, los poco inteligentes, lo olvidan por completo. 


Pero la gente inteligente, sensible, creativa, sigue estando obsesionada por el paraíso que una vez conoció y que ahora permanece con ellos, como una tenue memoria, difícil de creer. Empiezan de nuevo a buscarlo. 


La búsqueda del paraíso es nuevamente la búsqueda de vuestra infancia. Por supuesto, tu cuerpo no será ya el de un niño, pero tu consciencia puede ser tan pura como la consciencia de un niño. Este es el secreto del camino místico: hacerte de nuevo un niño, inocente, sin contaminar por los conocimientos, sin saber nada, todavía consciente de todo lo que te rodea, con un profundo asombro y sentido del misterio que no puede ser desmitificado.
Satyam Shivam Sundram, Capítulo #1
 
 
ALEGRIA 
Nadie les permite a sus hijos bailar, cantar, gritar y saltar. Por razones triviales -quizás pueden romper algo, quizás se les moje la ropa con la lluvia si corren en el exterior-, por pequeñas cosas se destruye por completo una gran cualidad espiritual: la alegría. 

El niño obediente es elogiado por sus padres, por sus profesores, por todo el mundo, y el niño juguetón es censurado. Sus ganas de jugar podrían ser totalmente inofensivas, pero es censurado porque existe un peligro potencial de rebelión. Si el niño continua creciendo con total libertad para ser juguetón, acabará siendo un rebelde. No será fácilmente esclavizado; no le podrán reclutar fácilmente en un ejército para destruir gente, o para que le destruyan. 


El niño rebelde se convertirá en un joven rebelde. Entonces no podrás obligarle a que se case; no podrás obligarle a aceptar un determinado empleo; no se le podrá ser obligar a satisfacer los deseos incompletos, y los anhelos de sus padres. La juventud rebelde seguirá su propio camino. Vivirá su propia su vida de acuerdo a sus a sus deseos más íntimos, no de acuerdo a los ideales de otra persona.
Por todas estas razones, se sofoca su capacidad de jugar, se aplasta desde el principio. 


Nunca se le da una oportunidad a tu naturaleza. Poco a poco empiezas a cargar con un niño muerto en tu interior. Este niño muerto en tu interior destruye tu sentido del humor: no puedes reírte totalmente, con todo tu corazón, no puedes jugar, no puedes disfrutar de las cosas pequeñas de la vida. Te vuelves tan serio que tu vida, en vez de expandirse, comienza a encogerse. 


La vida debe ser, en cada momento, una creatividad preciosa. No importa lo que crees, podrían ser sólo castillos en la arena, pero todo lo que haces debería salir de tu capacidad de jugar y de tu alegría.
The Rebellious Spirit, Capítulo #17
  
INTELIGENCIA
La inteligencia no es algo adquirido, es inherente, es de nacimiento, es intrínseca a la vida misma. No sólo los niños son inteligentes, los animales a su manera son inteligentes, los árboles a su manera son inteligentes. Por supuesto todos ellos tienen diferentes tipos de inteligencia porque sus necesidades difieren, pero ahora es un hecho aceptado que todo lo que vive es inteligente. La vida no puede existir sin inteligencia; estar vivo y ser inteligente son sinónimos. 

Pero el hombre es un dilema por la sencilla razón de que él no sólo es inteligente, además es consciente de su inteligencia. Esto es algo único, es su privilegio, su prerrogativa, su gloria, pero puede convertirse fácilmente en su agonía. El hombre es consciente de que es inteligente; esta consciencia conlleva sus propios problemas. El primer problema es que crea el ego. 


El ego no existe en ningún otro lugar excepto en los seres humanos, y comienza a crecer cuando el niño comienza a crecer. Los padres, las escuelas, los colegios, la universidad, todos ayudan a reforzar el ego por la sencilla razón que durante siglos el hombre ha tenido que luchar para sobrevivir y la idea se ha convertido en una fijación, en un profundo condicionamiento inconsciente: sólo los egos fuertes pueden sobrevivir en la lucha por la vida. La vida se ha convertido sólo en una lucha por sobrevivir. Y los científicos lo han hecho incluso más convincente con la ley del más fuerte. Por eso ayudamos a todos los niños a reforzar el ego, y es ahí donde surge el problema. 


A medida que el ego se va haciendo más fuerte comienza a rodear a la inteligencia como si fuese una espesa capa de oscuridad. La inteligencia es luz, el ego es oscuridad. La inteligencia es muy delicada, el ego es muy duro. La inteligencia es como una rosa, el ego es como una roca. Y si quieres sobrevivir, dicen -los supuestos sabios-, tienes que volverte como una roca, tienes que ser fuerte, invulnerable. Tienes que convertirte en una fortaleza, una fortaleza cerrada, para que no puedas ser atacado desde el exterior. Tienes que hacerte impenetrable. 


Pero entonces te cierras. Empiezas a morir en cuanto a tu inteligencia se refiere, porque la inteligencia necesita un cielo abierto, el viento, el aire, el sol para poder crecer, para expandirse, para fluir. Para seguir viva necesita fluir constantemente; si se estanca se convierte poco a poco en un fenómeno muerto. 


No permitimos a los niños que sigan siendo inteligentes. Lo primero es que si son inteligentes serán vulnerables, delicados, abiertos. Si son inteligentes serán capaces de ver las muchas falsedades que hay en la sociedad, en el estado, en la iglesia, en el sistema educativo. Se convertirán en rebeldes. Serán individuos; no serán fácilmente intimidados. Los puedes aplastar pero no los puedes esclavizar. Los puedes destruir pero no puedes obligarles a ceder. En un sentido la inteligencia es algo muy suave, como una rosa, en otro sentido tiene su propia fuerza. Pero esta fuerza es sutil, no es grosera. Esta fuerza es la fuerza de la rebelión, la de una actitud insobornable. Uno no está dispuesto a vender su alma. 


Observa a los niños pequeños y entonces no me preguntarás; verás su inteligencia. Sí, no son eruditos. Si pretendes que sean eruditos, es que no piensas que sean inteligentes. Si les haces preguntas que dependen de la información, no te parecerán inteligentes. Pero hazles preguntas reales que no tengan nada que ver con la información, que necesiten una respuesta inmediata, y verás: son más inteligentes que tú. Por supuesto tu ego no te permitirá aceptarlo, pero si consigues aceptarlo te ayudará muchísimo. Te ayudará a ti, ayudará a tus niños, porque si eres capaz de ver su inteligencia, podrás aprender mucho de ellos. 


Aunque la sociedad destruye tu inteligencia no la puede destruir totalmente; sólo la cubre con muchas capas de información. 


Y esta es toda la función de la meditación: llevarte hacia dentro profundamente. Es un método para profundizar en tu propio ser hasta llegar al punto donde se encuentran las aguas vivas de tu inteligencia, hasta que descubre la fuente de tu propia inteligencia. Sólo cuando hayas vuelto a descubrir a tu niño entenderás lo que quiero decir cuando enfatizó una y otra vez que los niños son realmente inteligentes. 
La madre estaba preparando a Pedrito para ir a una fiesta. Cuando acabó de peinarle y  colocarle el cuello de la camisa le dijo: 

-¡ Ahora vete, hijo. Diviértete... y pórtate bien! 


-¡Por favor Mamá! -dijo Pedro-. ¡ Antes de que me vaya decídete por una de los dos!
¿Entiendes de qué estoy hablando? La madre estaba diciendo: -Diviértete… y pórtate bien-. Pero las dos cosas no pueden suceder a la vez. Y la respuesta del niño tiene un valor inmenso. Dice:

-Por favor, antes de que me vaya decídete por una de los dos. Si dejas que me divierta, entonces no puedo comportarme; si quieres que me comporte, entonces no puedo divertirme-.



El niño puede ver la contradicción muy claramente pero podría no ser tan evidente para su madre.
Un transeúnte le preguntó a un niño: 

-Hijo, ¿puedes decirme que hora es?
-Sí, por supuesto -respondió el niño-, pero, ¿para qué necesitas saberla? - ! Está cambiando todo el rato¡ 


Delante de la escuela colocaron una nueva señal de tráfico. Decía:
-Conduzca despacio. ¡No mate un estudiante! 


Al día siguiente apareció debajo otra señal garabateada con letra de niño, que decía:
-! Espere al profesor¡ 


El pequeño Pedrito regresa de la escuela con una gran sonrisa dibujada en la cara.
-Bueno, cariño, pareces muy contento. ¿Verdad que te gusta la escuela?
-No seas tonta Mamá -responde el niño-. ¡No se debe confundir el ir con el volver!


Mientras va andando lentamente hacia la escuela el niño reza: 

-Amado Dios, por favor no dejes que llegue tarde a la escuela. Te lo ruego, Dios mío, haz que llegue a tiempo... 


En ese mismo momento pisa una piel de plátano y resbala unos metros en el camino. Mientras se levanta mira irritado hacia el cielo y dice: 


-¡Vale, vale, Dios! ¡No hace falta que empujes! 



La joven profesora escribió en la pizarra:
-No me he divertido en tol verano. 


Entonces preguntó a los niños: -¿Qué está equivocado en esta frase y que debo hacer para corregirlo?
Ernestito gritó desde atrás: -Échate un novio.
Un niño pequeño estaba haciendo un test con un psicólogo: 

-¿Qué quieres ser de mayor? -preguntó el psicólogo.
-Quiero ser médico, pintor o ¡limpia cristales! -responde el niño.
Confundido el psicólogo le preguntó: -Pero…, no lo tienes demasiado claro, ¿no?
-¿Porqué no? Lo tengo muy claro. ¡Quiero ver mujeres desnudas! 



El padre le estaba contando historias a sus hijos en el comedor después de cenar: -Mi bisabuelo luchó en la guerra contra Rosas, mi tío luchó en la guerra contra el Káiser, mi abuelo luchó en la guerra de España contra los republicanos y mi padre luchó en la segunda guerra mundial contra los alemanes.
A lo que el más pequeño respondió: -¡Mierda! ¿Qué le pasa a esta familia? ¡No se llevan bien con nadie!

Tao: The Golden Gate, Vol. 1 Capítulo #7 



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