viernes, 29 de agosto de 2014

Gota de Muerte

Realmente me da gusto presentar estas reflexiones echas poesía. Dejan mucho que pensar sobre nosotros mismos aunque no nos veamos involucrados en nada.

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Después del disparo, desperté del sueño milenario acerca de las batallas y el heroísmo...

¿Y qué queda ahora?

¿Quién va a iluminar las ruinas?
Lo único que había, era la bala penetrada en la fila de huesos sobre las calles grises.

La bandera blanca del otro extremo de la calle dejó de ondear pero a lo lejos divise mí orgullo, este, aún ondeaba entre la brisa combinada de sangre enemiga y pólvora suicida.

Desde el fondo de mí alma, escuché el Sollozo del enemigo, tan cálido cómo la voz de alguna madre. Y la voz de una madre que nunca se evapora...

Lanze mí arma a las cenizas, porque intente alzar mí voluntad entre el humo y los estruendos. Pero era demasiado tarde, en medio de intensos sudores, observe a la muerte agitar sus negras alas sobre el rostro de los sufrientes.

Sospechó que la herida en mí espalda es del peso de la culpa. No pude consolar el llanto de aquel que quedo huérfano o de aquella que quedo viuda.
Y me dobló la culpa, mientras yo disparaba la gente moría de hambre o asfixiada por las palabras que luchaban por salir desde adentro.

En el horizonte grisáceo de la tarde, intente una difícil sonrisa.
No pude advertirle al resto, acerca del remordimiento, porque mí lenguaje era ahora el de la despedida. Antes de sentir pólvora en el cuerpo sólo deseaba reposar mis heridas fuera de la  guerra....

Por:
Brenda Scrist

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